Estos dias he intentado obviar el tema D'Hont que ha terminado con la confesión (patéticas algunas) de todo el Telekom del Tour 96. No he querido hacer comentarios acerca de la penosa rueda de prensa (con mentiras incluidas) de Zabel y todo el desfile de compañeros (Bolts, Aldag, Henn, etc). Aunque la verdad tengo que decir que me sorprendió mucho la del danés Riis. Dijo muchas más verdades de las que me pensaba que diría (viendo los antecedentes de sus compañeros, sobre todo de Zabel, con lágrimas de cocodrilo incluidas) y, a pesar de ser una de las personas más hipócritas del planeta, mi consideración hacia él ha subido de muy mala a mala, todo lo contrario que la del sprinter alemán, aquel que dejó de doparse debido a los efectos secundarios (ja). No me ha apetecido leer las reacciones de la gente acerca de lo de Riis, y mucho menos, me ha apetecido leer la de Indurain. Por si acaso.
Lo que quería comentar hoy es la sangre que discurre por el Giro. Si bien la prensa italiana es bastante promiscua a la hora de culpar a los nuestros (cosa que comprendo), cuando se trata de los suyos, hacen la vista gorda (cosa que no comprendo) hasta el punto de sólo reconocer cuando es imposible decir que no (tema Basso). Hemos vivido cuatro jornadas a caballo entre Alpes y Dolomitas preciosas, contando la cronoescalada al santuario de Oropa. En dos puertos históricos como Agnello e Izoard, se fraguó una batalla en la que Savoldelli cedió el mando de Astaná a Mazzoleni, en la que Saunier perdió todos sus peones por trabajar para un rey derrocado, en donde Cunego demostró que ha perdido todo el punch y donde el hermanisimo pequeño pegó un golpetazo sobre la mesa para decir que ahi está él. Y todo esto con el toque final de la victoria del killer, después de realizar una de sus tretas de listo, de crack. Resulta que a un kilómetro de coronar Briançon, Di Luca se rezaga un poquito del grupo, se pone la chaqueta y coge comida. Y a menos de 500 metros para coronar ataca. ¿Qué ocurre? El resto trata de salir a por él, pero el abruzzese corona con ventaja y se lanza en el descenso. Sus rivales hacen lo mismo, pero con el condicionante de que no tienen tiempo para abrigarse, y descienden en "mangas de camisa". Parece una simple tontería, pero es una muestra más de lo inteligente que es este tío. Que probablemente es una cosa sin repercusión, pero ya es el hecho de que obliga a los rivales a bajar sin abrigarse, con el consiguiente hecho de que puedan coger frio y rendir menos. Son pequeños detalles que diferencian a unos corredores de otros. El viernes vino la cronoescalada, con victoria sorpresa para Bruseghin, y en la demostración de que CSC hace de un croner puro un tio capaz de subir Oropa con los primeros (Zabriskie dixit). Para el sábado, la emboscada. Victoria muy meritoria para Garzelli, birlada a Simoni en los últimos metros. Di Luca se aprovecha del trabajo de los Lampre (colleja para Martinelli) y solo pierde 38 segundos en meta. Y lo de ayer... pues victoria para la historia italiana. Primera victoria en el Giro para 'Il Bisontino', regalada prácticamente por Piepoli, después de una fuga muy buena, y en la que se dice que era la etapa reina (con permiso del Zoncolan). Y con un Mazzoleni perfectamente lanzado por Savoldelli (resulta que lo hace mejor de gregario que de líder) en el descenso de Giau. En Le Tre Cime di Lavaredo se produjo el bautismo de ese chaval que arrasaba en el circuito allá por 2005, con los muchos problemas que tenía con la cocaina (igual que Simoni) y cuya sangre la podemos considerar como magnífica, como una sangre de campeones.
Y esa sangre es la que gastan las estrellas italianas del Giro. Si echamos un vistazo a la general, ahora mismo, y como mucho, el Giro es cosa de 6. Los dos primeros se conocen perfectamente. Allá por el 2004 compartían equipo y sangre adulterada por el doctor Santuccione. Curiosamente, estos dos mismos ciclistas, eran compañeros de equipo del cuarto, Gilberto Simoni, y del quinto clasificado en la general (Mazzoleni también de habitación), Damiano Cunego, el mismo ciclista que ganó el Giro 2004 con el hematocrito por encima de lo permitido. Si a todos ellos le unimos al tercer clasificado, un Andy Schleck que no sabemos lo que desayuna, nos queda un auténtico ramillete de campeones en el Giro. Unos campeones con una sangre del mismo estilo que ha caracterizado siempre a los vencedores de la corsa rosa, desde Indurain a Berzin, siguiendo por los Garzelli o Pantani, hasta lo que nos encontramos actualmente ahora, un Giro que siempre ha tenido lo mismo, sangue di campioni.
Xaby
